lunes, 10 de octubre de 2011 | By: Luismi

Día 25. Regreso a casa.

Como Odiseo en su periplo de diez años de regreso a Ítaca, nuestro viaje ha sido un sinfín de aventuras concentradas en 25 días aproximadamente. Y como nuestro héroe, también hemos conocido o nos hemos enfrentado a extrañas criaturas y hemos sufrido las inclemencias del tiempo cuando hacían peligrar nuestro medio de transporte.

Aunque el viaje llega a su fin, hoy podemos decir que el viaje ha sido el fin. Hemos venido a estas tierras lejanas a descubrir nuevos lugares y vivir nuevas experiencias. Y nuestro objetivo ha sido satisfecho plenamente.

Nos traemos recuerdos imborrables. La impresión de sus gentes es muy favorable, con una amabilidad que no podíamos imaginar. Hacer sentir a los visitantes como si estuvieran en su casa ha sido una lección que hemos aprendido y que deseamos poder poner en práctica aquí en nuestra tierra.

Y sus escenarios nos han dejado literalmente con la boca abierta, en la mayoría de los casos por su grandeza y en muchos de ellos también por su belleza. Impresionante combinación que difícilmente puede ser captada con una cámara. Los más de 7000 kms que hemos recorrido con Logan nos han dejado huella y ya lo echamos de menos. Esperamos que esté en buenas manos volviendo a visitar algunos de esos lugares.

Pero si algo nos ha sorprendido enorme y gratamente a lo largo de esta aventura, ha sido el seguimiento que hemos tenido de nuestro blog por parte de nuestros familiares y amigos, y puntualmente incluso de desconocidos. Nuestro objetivo inicial era comunicarnos a coste cero y registrar nuestras andanzas para no olvidarnos de nada a nuestro regreso. Pero ya desde los primeros artículos vuestra respuesta ha sido unánime: os ha gustado mucho la idea de leernos cada día, lo habéis hecho asiduamente y nos habéis animado a seguir escribiendo con vuestros comentarios. Ahora que este viaje ha concluido, no tenemos otras palabras para vosotros que las de eterno agradecimiento y las de nuestra promesa de que intentaremos que esta experiencia que nos ha unido un poquito más se extienda a futuros viajes.

Luismi.
domingo, 2 de octubre de 2011 | By: Luismi

Día 24. Los Angeles CA (III).

Esta mañana nos hemos levantado y nos hemos tomado el desayuno con una amiga de nuestra familia anfitriona que se llama Marlene. Entre otras cosas, ha sido la diseñadora de vestuario de películas como Terminator, JFK, The Doors y de personajes como Madonna. Para nosotros es algo excepcional conocer a personas que hayan formado parte de películas que todos hemos visto ya que forman parte de nuestra historia reciente. Para ellos es algo normal. Recuerdo que Fay nos decía: "en otras ciudades se dedican a la conserva o a fabricar coches, en Los Ángeles nos dedicamos a hacer películas". Todo el vecindario está más o menos implicado en la industria del cine, por lo que aquí no debe de ser extraño desayunar con la creadora de los corpiños de Madonna.

Nuestro plan para hoy ha consistido en visitar "todo-lo-que-queda-por-ver" y comprar "todos-los-regalos-que-no-hemos-comprado-todavía". La primera parte del plan no era del gusto del señorito Joti por lo que ha preferido acompañar a Luisa al aeropuerto mientrar Susana y yo hemos vuelto a hacer turismo de ciudad, es decir, dejar el coche aparcado y patear hasta caer agotados.

Nuestra primera visita ha sido el downtown o centro de la ciudad, lugar que normalmente es la zona más interesante o bonita o viva de una ciudad pero no en el caso de Los Ángeles, cuyos reclamos turísticos están en Bel-Air, Hollywood y Beverly Hills. Explicado para niños, podríamos decir que el downtown de LA es como el barrio de San Andrés de Murcia pero más grande. Un barrio habitado por inmigrantes hispanos que lo han convertido en un zoco de tiendas abarrotadas de mercancías a bajos precios. Es una imagen muy distinta del LA que habíamos conocido hasta ahora.


Mucho más bonita y acogedora es la parte de la ciudad conocida como Little Tokyo, que además debía estar de celebraciones porque nos hemos encontrado un ambiente y una decoración muy oportunos para pasar una jornada muy agradable.


Numerosos puestos de productos artesanales y comida típica japonesa al son de diversos espectáculos sobre un escenario, como una demostración samurai o una danza japonesa.

Gente amabilísima en las tiendas.

Cansados de la comida rápida americana, estaba claro que íbamos a comer allí. Las recetas que ofrecían no eran las habituales de los restaurantes japoneses que conocemos, sino sencillos y sabrosos platos caseros cocinados in situ. De hecho, hemos comido una extraña mezcla de verduras, fideos y láminas de algo deshidratado. Un poco raro pero muy bueno. Otro tema que no podía faltar en una celebración japonesa es el concuros de disfraces. ¡Ay, qué les gusta disfrazarse a estos japoneses! Sobre todo las pelucas de colores chillones.

Otra curiosa costumbre: colgar papelitos con buenos deseos.

Después de reposar la comida un poco mientras veíamos más tiendecillas, nos hemos dirigido a otro de los iconos de esta ciudad: la Union Station. Una antigua estación de trenes conocida como "la última gran estación de ferrocarriles" construida en los Estados Unidos. La estación ha aparecido en numerosas películas: Speed, Star Trek VII, Pearl Harbor y Blade Runner. Es una estupenda mezcla de estilos colonial y Art Deco, con cuidados jardines alrededor, lujosas salas de espera y galerías de acceso a los andenes. Más películas que vamos a tener que revisar cuando lleguemos a casa para identificar estas localizaciones.


No lejos de la Union Station, y siguiendo los consejos de nuestra guía de bolsillo, nos hemos dirigido a pie para ver la catedral diseñada por Moneo. Al ver un edificio como éste los sentiemientos que te surgen son una extraña mezcla de "oh, qué originial", "mmm, las catedrales ya no son lo que eran" y "qué cansado que estoy, ¿por qué hemos dejado el coche aparcado en Little Tokyo?".
Premio para el que adivine en qué se inspiró Moneo al diseñar esta catedral.

He de reconocer que me apasionan las catedrales. A pesar de las penurias de su construcción, tales edificaciones son practicamente el único legado de valor del cristianismo. Y aunque esta catedral de Moneo no me ha atraido, me he quedado con las ganas de visitarla por dentro y ver qué secretos arquitectónicos esconde.

Con la Sagrada Familia de Barcelona como única catedral en construcción, los arquitectos ponen ahora su talento en otras construcciones como salas de conciertos. Es el caso de la Walt Disney Concert Hall.

¿Os recuerda a algo en España?

Supongo que os habrá venido a la cabeza el museo Guggenheim de Bilbao. Efectivamente, se aprecia la mano de Frank Ghery cada vez que vemos una fachada de placas curvadas de titanio.

Antes de rencontrarnos con Logan teníamos un último punto de interés que visitar. Se trata del edificio Bradbury, a un par de manzanas (o cuadras, que ahora nos gusta más esta palabra) de la sede del Los Angeles Times. Un auténtico icono de Los Angeles, por ser su edificio comercial más antiguo y por ser el escenario de la escena final de Blade Runner en la que Deckard pelea a muerte con el replicante Batty.

Bradbury Building en Broadway Street.

Sólo hemos visto el exterior del edificio porque desconocíamos que por dentro es espectacular, algo que hemos descubierto en el momento de escribir estas líneas buscando más informacion del edificio en internet. Y viendo las fotos del interior me he acordado irremediablemente de Blade Runner. Ahora tengo la impresión que me he dejado por ver algo importante, teniendo en cuenta que esta película es una de mis preferidas y que su estética es uno de los argumentos para encumbrarla.

A estas alturas de la excursión, sólo teníamos ojos para intentar localizar una tienda donde comprar agua. Resulta muy curioso que hayamos repuesto líquidos (sin sabor ni burbujas) en una tienda de gorras, cuyo dependiente ha tenido la amabilidad de ofrecernos agua de una de esas típicas bombonas con vasos de plástico que se ven en lugares de trabajo.

Logan estaba donde lo habíamos dejado y sin multas. ¡Cómo lo hemos echado de menos durante estas horas de caminata! Más de una hora de camino para llegar a casa en Venice y más de media hora para encontrar aparcamiento, con diferencia el día que más nos ha costado. Hemos salido disparados sobre las bicis por el paseo de la playa para reunirnos con Joti en el muelle de Santa Mónica. Ya lo habíamos visitado pero teníamos dos asuntos pendientes. Primero, que el dueño del kiosko de la Ruta 66 en dicho muelle nos firmara nuestra guía, cosa que ha hecho después de taladrarnos un poco más el oído y presentarnos a un amigo suyo policia.


Y el segundo asunto pendiente era tomar esa foto final en la que apareciéramos los tres junto a la última señal de Ruta 66.


Un viaje que está llegando a su final y del cual nos despediremos en nuestra siguiente y última entrada de este blog.

Luismi.
domingo, 4 de septiembre de 2011 | By: Susana

Día 23. Los Angeles CA (II).


Hoy hemos vuelto a ver otra atracción turística que nos recuerda a Venecia (tras la reproducción de Las Vegas). De hecho, la playa donde estamos es Venice y el nombre no es casual, se llama así porque se construyeron unos canales al estilo de Venecia, lo que le dan un aspecto muy coqueto al barrio.


Tras visitar el que ya consideramos nuestro barrio, nos hemos ido al barrio de nuestros primos, o sea, Bel Air. Hemos estado callejeando con el coche, pero las vallas y vegetación que rodean las mansiones son tan altas que no podemos olisquear nada. Así que hemos ido a Beverly Hills, a ver qué podemos sopar. Este barrio es más bonito porque se ven las casitas y nos recuerda mucho a una serie que veíamos todos de adolescentes, venga ¡reconoced que vosotros también la veíais!


Para completar el paseo hipermegapijo, me he empeñado en pasar por Rodeo Drive, lo cual ha supuesto media hora de atasco. Por lo que me han penalizado y no he podido ni asomar la pezuña para decir que he pisado Rodeo Drive. Así que me he conformado con echar fotos desde el coche. Eso sí, estábamos totalmente integrados con el paisaje con nuestro descapotable rojo. Si no fuera por Logan pareceríamos una panda de arrastrados mirando escaparates con cara de pobres. Es broma, incluso con Logan lo parecíamos. Excepto Luismi y su rechinar de dientes mientras conducía y enfurecía, esta vez no sólo por los atascos sino por haber entrado como un ratoncito de laboratorio en un laberinto de tiendas de lujo y derroche. Creo que ha llegado a pisar al acelerador a fondo por primera vez en el viaje.


Luego hemos ido de nuevo a Hollywood para hacernos las fotos con el mítico cartel de Hollywood. No ha sido tan romántico como la imagen que todos tenemos de contemplar la ciudad de Los Ángeles desde lo alto sentados en la H de Hollywood. De hecho, las fotos se hacen desde bastante lejos y con zoom, por lo que todo ha quedado en una friki-sesión de poses con un decorado famosísimo.


Luismi y yo hemos hecho otra escapada gastronómica y hemos ido a uno de los restaurantes de Gordon Ramsay. A mí me hacía ilusión porque estoy enganchada a su programa "Pesadilla en la Cocina". Nos hemos tomado el té como un concepto nuevo, tal y como intentaba explicarnos el camarero. Aunque creo que no ha conseguido que deseáramos entrar en el club de los que toman té como nuevo concepto. Lo que acompañaba al té si que era original y estaba muy bueno.


Después hemos pasado por la puerta de la sala de conciertos Viper Room, que perteneció a Johnny Depp durante años y donde murió River Phoenix y trabajó el cantante de los Counting Crows. Allí han tocado los más grandes y lo siguen haciendo, por ejemplo, la semana anterior había tocado Slash. En un descuido, Luisa y Jota desaperecen de nuestra vista pero a los cinco minutos se abre la puerta del Viper Room y nos dicen que pasemos, allí estaban los dos con los socios del local. Estaba todavía cerrado y nosotros cuatro dentro, por lo que nos podían haber sacado los hígados y los pulmones para recuperar alguna leyenda decrépita del rock, pero en su lugar nos han regalado entradas para el concierto de esta noche. Suena a trola pero nosotros también nos hemos quedado de piedra de la suerte que hemos tenido. Llamadnos hijos de puta otra vez si queréis, después de estar en el Viper Room estamos inmunizados.



Eufóricos, Jota y Luisa no pueden aguantar y deciden quedarse por allí hasta que llegue la hora del concierto. 
Luismi y yo volvemos a casa, cogemos las bicis y nos vamos por el paseo de la playa de Venice hasta Santa Mónica. Llegamos al muelle, que nos suena porque lo hemos visto en algunos de los episodios más emocionantes de Los Vigilantes de la Playa. Y allí en mitad del muelle vemos un 66 bien grande, dejamos las bicis y subimos para abrazarnos a la señal del final de la ruta ¡lo conseguimos! Hacemos cola para la foto de rigor tras una pareja de recién casados.


Unos metros más allá, detectamos un kiosko de souvenirs de la Ruta 66 y decidimos comprar unos imanes. Cuál ha sido nuestra sorpresa al comprobar que los imanes costaban 4 dólares y las tasas eran una megafollada de oreja por parte del último follaorejas de la ruta, el dueño del kiosko. No importa que le dijeras que conoces todos los datos, él te los cuenta igualmente. Por cierto, que conste que lo de follaorejas lo digo con todo el cariño del mundo, pero es que es así y forma parte de la ruta 66, los diversos personajes de la ruta te tienen que contar un poco de su historia, si no, no estás haciendo la auténtica ruta 66. Tenemos la sensación de estar conociendo a personajes históricos.


Anestesiados por el rollo que nos está contando, llegamos a despertar cuando nos dice que si hubiéramos recopilado más firmas de personajes, nuestra guía se habría revalorizado... ¡qué pardillacos! No se nos había ocurrido, pero tampoco la habríamos vendido luego, estos recuerdos no tienen precio. No llevábamos la guía encima para que él nos dedicara la última página por lo que hemos quedado para mañana aun sabiendo que nos iba a costar otra perforación de la membrana timpánica.


Cuando ya nos habíamos hecho a la idea de que Luismi y yo íbamos a cenar tranquilamente con la familia, nuestro teléfono ha sonado y la voz de Joti nos ha urgido a volver al Viper cuanto antes, que estaba siendo memorable. Resulta que Joti estaba triunfando más que Jesulín delante de un micrófono. Los Angeles estaba siendo inundada por el tsunami Joti, que se ha hecho amigo de todos los camareros, seguratas, bandas de música y clientes. Creo que la camiseta del Viper Room que se ha comprado le ha convertido en relaciones públicas de honor.


Lo más curioso de este momento ha sido contemplar cómo algunos personajillos que quieren dar el salto a la fama simplemente se dejan ver fuera del Viper y hablan con la gente para presumir de curriculum. Uno de ellos imitaba el look de Mick Jagger y, aunque tenía cierto parecido, ha hecho gala de su patetismo cuando nos ha enseñado una carta de recomendación de Obama, ¡que casualmente llevaba en el bolsillo! El Jagger made in China se echaba pulsos con el subcampeón de Operación Triunfo de Paraguay, un "chico" de 40 años que estaba convencido de que la fama estaba a punto de llamar a su puerta y nos transmitía totalmente eufórico todo su conocimiento en forma de breves consejos.

En fin, toda una experiencia que ha suplido nuestra carencia de encuentros con verdaderos famosos. El Viper Room ya ha entrado en nuestra lista de bares preferidos aunque ya no sea propiedad de Johnny Depp.
domingo, 28 de agosto de 2011 | By: Susana

Día 22. Los Angeles CA (I).

Aviso de que hoy ha sido un día muy pijo. Lo primero que hemos hecho ha sido dirigirnos a Hollywood pero pasando por Sunset Boulevard, Beverly Hills y Bel Air, todo de golpe, vamos, para darnos un baño de realidad y darnos cuenta de lo pobres que somos. Pobres pero felices, todo hay que decirlo.


En Hollywood nos esperaban los estudios de la Universal, un parque temático donde la mejor atracción es una gua-gua cargada de turistas que te va dando un paseo por los estudios, escenarios donde se están rodando películas. El paseo ha sido muy emocionante y divertido, amenizado por un señor con bromas al estilo de: "se puede decir que..." (pongo un ejemplo más adelante).


La verdad es que sólo el paseo da para escribir un artículo entero, lo disfrutamos mucho los tres, pero el que más lo disfrutó fue Joaquín, que parecía un niño en Disneyland. Íbamos en el trenecito echando fotos como locos, no imagináis la emoción que nos dio al ver el DeLorean, el coche de Regreso al Futuro. De vez en cuando nos daba una risita tonta al estilo de Teté Delgado pensando ¡mira dónde estamos!



Entre otros, estuvimos en los decorados de King Kong, Parque Jurásico, Tiburón, El Grinch, Psicosis, La guerra de los mundos... la lista es interminable, incluso pasábamos por sitios donde se estaba rodando y teníamos que ir en silencio. Durante el recorrido van haciendo representaciones de algunas escenas como Psicosis. Pero las más espectaculares eran las recreaciones de escenas de acción, de repente te metían en un túnel y activaban mecanismos para que vieras un tren descarrilando a punto de echarse encima tuya, una inundación, un incendio... impresionante porque no está simulado en plan 3D, sino que el agua, el fuego, el tren... todo es real. ¡Amazing!




También mola ver los mecanismos con los que simulan que un coche salta por los aires, lo tienen tan bien hecho que pueden hacer que los coches bailen, ¿y qué mejor canción que "La Gasolina"?


Al pasar cerca del escenario de Tiburón vemos cómo simulan que la maqueta de Tiburón se come a una persona. Es entonces cuando nuestro amigo guía pone voz de narrador de documentales y dice la mítica frase: Se puede decir que descansó en "pez". Nos partimos de la risa, sí, ya sé que la broma es malísima pero casualmente el día anterior nos pasamos todo el día inventándonos historias que acabaran por "se puede decir que". Una diversión propia de muchos días de viaje y muchas millas en coche pero con la que llorábamos de la risa, el campeón de estas historias es Joaquín, al que animaré para que redacte una para deleite de nuestros lectores.


Lo malo de ir en verano a los sitios turísticos como éste son las colas, así que vimos pocas atracciones más, destaco el espectáculo "Waterworld", la película fue un fiasco de taquilla, pero parece que aún siguen empeñados en sacarle partido y se han inventado un espectáculo en el que meten a más de 1000 personas en un teatro al aire libre, el típico de delfines pero ambientado como la película. La mayor diversión es que te mojan los graciosillos de los animadores, no te salpican, te mojan y te calan echándote cubos de agua por encima. Está guay, hay un par de golpes de efecto alucinantes. Quizás piensen que si ven este espectáculo miles de personas al año, algunos se decidan a comprar la peli en DVD, con lo que podrán recuperar la inversión de una de las producciones más caras de la historia del cine.


Seguimos echándonos fotos por el parque...

 

Dora la exploradora me dijo que le diera un beso a Isabel

A punto de salir del badulaque

Menudo timo: en el bar de Moe sólo hay souvenirs.

Krustyland da menos miedo que algunos castillos hinchables para niños.



Después de pasar medio día en el parque temático volvemos al paseo de las estrellas, la calle donde a cada artista le dedican una estrella en el suelo, la calle es interminable y te aburres de tanta estrella, a veces son más interesantes las tiendas especializadas donde puedes ver pelucas impresionantes y disfraces muy chulos. En esta misma calle está el teatro Kodak, donde se celebra la ceremonia de los Oscar. 

Sólo nos hicimos fotos con los mejores




Y yo andaba (literalmente) preguntándome ¿dónde están las huellas de las manos de los artistas? yo creía que estaría la calle entera llena pero no... sólo es un trocito, de repente lo vemos, a los pies del Grauman's Chinese Theatre, construido por un actor llamado Sid Grauman's, es el sitio, turistas por doquier, cómo resistirse a la tentación de ponerse a cuatro patas para hincar nuestras manichas y pezuñas donde lo han hecho Johnny Depp o Marilyn Monroe... habrá que comprobar si nos parecemos aunque sea en el tamaño de la suela del zapato.

¿Seguro que los hombres las prefieren rubias?

Por la propiedad transitiva le he tocado el culo a Johnny Depp


Volvemos a casa, pero esta vez el GPS nos manda por una zona menos glamurosa pero igualmente interesante, Koreatown. Tras más de una hora de atascos y palmeras llegamos a lo que consideramos nuestro hogar californiano con nuestra familia italo-californiana. 




Nada más llegar, Fay, la anfitriona nos dice que están preparando una barbacoa, nos presenta a unos amigos y nos explica el modo de empleo del jacuzzi, que está justo a la temperatura adecuada. Can't believe it! ¿Esto nos está pasando a nosotros? no nos podemos creer tanta amabilidad, así que, para comprobar que es cierto, no dudamos en zamparnos en el jacuzzi. Efectivamente, la temperatura era la adecuada ¡qué felices somos! esto sí que es un baño de realidad, a partir de ahora, nuestro objetivo es que Jota se compre uno y lo ponga en su terraza (y nos invite).

No os perdáis la cara de sufrimiento que tenemos.
Al salir del jacuzzi nos espera una deliciosa barbacoa americana con carnes exquisitas. Las acompañamos con verduras al horno, ensalada y una ensalada de pasta al pesto, buenísima que preparó Dario. Por no hablar del postre preparado por Samantha y Dario: kulfi (helado indio) pero con un toque mediterráneo, estoy deseando probar la receta. La cena fue muy agradable, la compañía excelente y la conversación muy interesante. Tras más de 20 días en Estados Unidos nos alegra ver que podemos medio defendernos en conversaciones en inglés, supongo que porque nuestros anfitriones se esfuerzan en hablar despacio y claro. Fay nos explica el encanto que tiene Venice, el sitio donde estamos, nos recomienda que veamos la película "Lords of Dogtown" que cuenta cómo surgió el skateboard en Venice. Hojeo un libro sobre arquitectura donde veo un edificio que me suena, es de Frank Gehry y tiene forma de prismáticos. Decido que me encanta Venice.

Salimos a la calle en busca de un bar, vamos andando y no sé por qué demonios se me ocurre mirar hacia arriba y me doy cuenta de que estoy justo debajo del edificio en forma de prismáticos, me encanta cuando me encuentro las cosas por casualidad.


Llegamos a la zona de bares y vemos que en algunos hay colas para entrar y "dress code", es decir, etiqueta: nada de flipflops (chanclas de dedo) y otras normas. Nos damos un repaso de arriba abajo y creo que cumplimos con todos los requisitos para NO entrar. Así que vamos al primer bar donde no hay "dress code" y nos encanta.

En el próximo episodio...

  • ¿Cuántas veces hemos estado en Venecia?
  • ¿Qué entradas conseguimos gratis?
  • ¿Dónde será la última y auténtica follada de oreja al estilo ruta 66?