Si ayer tuvimos la gran sorpresa de Santa Fe como lugar especial diferente a todo lo visto hasta ahora, hoy ha sido el trayecto y sus espectaculares parajes lo que nos ha entusiasmado.
Hemos salido de Santa Fe por la mañana en dirección a Taos. Todavía dentro de los límites de la ciudad hemos hecho la casi obligatoria parada de repostaje. No es que cada día Logan se beba un depósito, es que estamos siendo muy precavidos en ese sentido para no arriesgarnos a no encontrar una gasolinera cuando más lo necesitemos. Allí mismo hemos tenido el primer encuentro del día con lugareños. Un hombre de puros rasgos indios centroamericanos se nos ha acercado y tras unos fallidos intentos de comunicación en inglés ha recurrido a "su español" diciendo: "se me ha chingado el starter, ¿puedes ayudarme?". Joti le ha ayudado y se ha ganado lo que siempre busca: una foto con él.
El paisaje ha cambiado rápidamente y la carretera se ha hundido en un valle serpenteando paralela al río Grande. El agua estaba fresquita y yo personalmente me he quedado con las ganas de imitar a los que bajaban el río en balsa.
Este trayecto hasta Taos ha sido increible y ha supuesto un cambio radical a las infinitas llanuras que nos han acompañado hasta ahora. Taos también es un lugar bonito, al estilo de Santa Fe, con casas de adobe y urbanismo a escala europea, nada de calles con 4 carriles y manzanas de escuadra y cartabón como acostumbran en el resto de EEUU. Taos tiene las casas habitadas más antiguas de EEUU. Hemos comido realmente bien y a buen precio en Taos, recetas que Susana clonará gracias a su memoria gastronómico-fotográfica.
Es curioso cómo se ameniza la espera de la comida pedida cuando hay wifi en el local. Estábamos los tres con nuestro teléfono móvil sin hablarnos y concentrados en sus pantallas. También es curioso el detestable sistema de propinas habitual en EEUU.
INCISO SOBRE LAS PROPINAS. Parece ser que el sueldo de camarero es muy bajo y depende en gran medida de las propinas y, claro, son amables en exceso, preguntándote cada 3 minutos si todo va bien. También se dan situaciones absurdas. Por ejemplo, la propina suele ser un porcentaje de la factura total, entre un 10% y un 20% es lo habitual. Por tanto, cuesta más la propina al pedir un plato de gambas que al pedir un plato de patatas fritas pero el trabajo del camarero ha sido el mismo: traer un plato a la mesa. Otra situación absurda es que la factura ya incluya un 20% en concepto de servicio. Pero, ¿y si no estoy satisfecho con el servicio? ¿Propina obligatoria entonces? Es absurdo. Si el sueldo fuera digno no sería necesario el concepto de propina. FIN DEL INCISO.
Lamentablemente, durante nuestra comida se ha gestado una gran tormenta y nos ha estropeado la visita al puente Gorge, sobre el río Grande. Unas vistas espectaculares que tendremos que ver en Internet porque no nos atrevíamos a bajar del coche viendo caer rayos a nuestro alrededor.
40 minutos de espera para ver el puente y nos fuimos sin verlo. Tormentas made in USA.
Tras esperar 40 minutos y ver que la tormenta no amainaba, hemos decidido continuar nuestro camino y, por suerte, el cielo clareaba en la dirección que viajábamos. A las pocas millas, atravesando un pueblo nos hemos encontrado un control de alcoholemia, por suspuesto, como les gusta a los americanos: a lo grande. Muchas luces, muchos conos, varios agentes y cuando nos paran se presenta el teniente Martínez. A los 20 segundos ya estábamos hablando en español y bromenado con él por su ficticio parentesco con Joti. Evidentemente, no hemos querido tentar a la suerte y no hemos intentado una foto con él.
El trayecto a continuación, ya sin lluvia, ha sido espectacular a través de un bosque nacional cuyo nombre no recuerdo ahora mismo pero que está entre Santa Fe y Durango.
A pesar del disfrute al volante, una parada para estirar las piernas y cambiar de conductor es necesaria conforme pasan las horas. Qué mala suerte hemos tenido que hemos parado justo delante de un motel a las afueras de Pagosa Springs con clientes desequilibrados. Primero se ha acercado un tipejo que ha mirado nuestra matrícula de California y se ha puesto a hacer comentarios que no hemos entendido. Como no hacía caso a lo que nosotros le decíamos no sabíamos qué pensar: o bien estaba de buen rollo o bien se estaba quedando con nosotros. Se ha ido y hemos seguido estirando y comiendo algo de tarta. Susana empezado a posar para una foto junto al coche cuando, de repente, hemos empezado a oir gritos e insultos dirigidos a nosotros. Nos daba la impresión de que querían que nos fuéramos de la entrada a ese motel pero no entendíamos por qué estaba tan agresivo el tipo que venía hacia nosotros. La confusión ha sido máxima y me he dirigido a su encuentro para intentar aclarar qué es lo que le molestaba. Nos hemos quedado alucinados cuando a su lista de insultos ha añadido un empujón que me he llevado yo. En menos de 10 segundos estábamos subidos al coche y reanudando nuestra marcha. Horas después seguimos sin entender qué cable se le ha cruzado al tipo ese. Nuestra primera decepción del viaje. Ha oscurecido un poco el gran día que llevábamos.
La confusión ha pasado a un segundo plano cuando más adelante, en carretera, nos hemos encontrado con carteles luminosos que indicaban "Wildlife detected" ("Animales salvajes detectados"). Y a unos metros unos ciervos atravesando la calzada. Hemos tenido que frenar la marcha para no hacerle daño a Logan.
Al poco tiempo hemos llegado a Durango. Nos hemos instalado en la habitación reservada y hemos salido a tomar algo como buen viernes por la noche que era. En la calle principal de Durango hemos encontrado muchas curiosidades. Hemos visto un escaparate con un Monopoly de John Wayne y algún local decorado al estilo de un Saloon de película del oeste, con camareras disfrazadas incluidas.
Al final hemos entrado en otro bar-discoteca atraídos por la música en directo. Desafortunadamente, el country es un estilo de música que no nos termina de entrar bien por los oídos pero nos hemos divertido. Había mucho que observar: todos y todas visten con pantalón vaquero, la mayoría de chicos con sombrero y botas de vaquero también, muchas parejas saben bailar country con mucha soltura y la pista de baile era un espectáculo. Por supuesto, hemos encontrado al personaje de turno con el que hacernos una foto para la colección...
Bueno, eso ha sido todo por hoy. Gracias por seguir nuestras aventuras. Me despido con preguntas que encontrarán respuesta en el próximo artículo:
- ¿Qué nos dejará boquiabiertos por su espectacular belleza?
- ¿Con qué secta estamos intentando minimizar el contacto?
- ¿Seguiremos sin dar respuesta a la pregunta de ayer sobre Kirk Cameron?