Esta mañana nos hemos levantado y nos hemos tomado el desayuno con una amiga de nuestra familia anfitriona que se llama Marlene. Entre otras cosas, ha sido la diseñadora de vestuario de películas como Terminator, JFK, The Doors y de personajes como Madonna. Para nosotros es algo excepcional conocer a personas que hayan formado parte de películas que todos hemos visto ya que forman parte de nuestra historia reciente. Para ellos es algo normal. Recuerdo que Fay nos decía: "en otras ciudades se dedican a la conserva o a fabricar coches, en Los Ángeles nos dedicamos a hacer películas". Todo el vecindario está más o menos implicado en la industria del cine, por lo que aquí no debe de ser extraño desayunar con la creadora de los corpiños de Madonna.
Nuestro plan para hoy ha consistido en visitar "todo-lo-que-queda-por-ver" y comprar "todos-los-regalos-que-no-hemos-comprado-todavía". La primera parte del plan no era del gusto del señorito Joti por lo que ha preferido acompañar a Luisa al aeropuerto mientrar Susana y yo hemos vuelto a hacer turismo de ciudad, es decir, dejar el coche aparcado y patear hasta caer agotados.
Nuestra primera visita ha sido el downtown o centro de la ciudad, lugar que normalmente es la zona más interesante o bonita o viva de una ciudad pero no en el caso de Los Ángeles, cuyos reclamos turísticos están en Bel-Air, Hollywood y Beverly Hills. Explicado para niños, podríamos decir que el downtown de LA es como el barrio de San Andrés de Murcia pero más grande. Un barrio habitado por inmigrantes hispanos que lo han convertido en un zoco de tiendas abarrotadas de mercancías a bajos precios. Es una imagen muy distinta del LA que habíamos conocido hasta ahora.
Mucho más bonita y acogedora es la parte de la ciudad conocida como Little Tokyo, que además debía estar de celebraciones porque nos hemos encontrado un ambiente y una decoración muy oportunos para pasar una jornada muy agradable.
Numerosos puestos de productos artesanales y comida típica japonesa al son de diversos espectáculos sobre un escenario, como una demostración samurai o una danza japonesa.
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| Gente amabilísima en las tiendas. |
Cansados de la comida rápida americana, estaba claro que íbamos a comer allí. Las recetas que ofrecían no eran las habituales de los restaurantes japoneses que conocemos, sino sencillos y sabrosos platos caseros cocinados in situ. De hecho, hemos comido una extraña mezcla de verduras, fideos y láminas de algo deshidratado. Un poco raro pero muy bueno. Otro tema que no podía faltar en una celebración japonesa es el concuros de disfraces. ¡Ay, qué les gusta disfrazarse a estos japoneses! Sobre todo las pelucas de colores chillones.
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| Otra curiosa costumbre: colgar papelitos con buenos deseos. |
Después de reposar la comida un poco mientras veíamos más tiendecillas, nos hemos dirigido a otro de los iconos de esta ciudad: la Union Station. Una antigua estación de trenes conocida como "la última gran estación de ferrocarriles" construida en los Estados Unidos. La estación ha aparecido en numerosas películas: Speed, Star Trek VII, Pearl Harbor y Blade Runner. Es una estupenda mezcla de estilos colonial y Art Deco, con cuidados jardines alrededor, lujosas salas de espera y galerías de acceso a los andenes. Más películas que vamos a tener que revisar cuando lleguemos a casa para identificar estas localizaciones.



No lejos de la Union Station, y siguiendo los consejos de nuestra guía de bolsillo, nos hemos dirigido a pie para ver la catedral diseñada por Moneo. Al ver un edificio como éste los sentiemientos que te surgen son una extraña mezcla de "oh, qué originial", "mmm, las catedrales ya no son lo que eran" y "qué cansado que estoy, ¿por qué hemos dejado el coche aparcado en Little Tokyo?".
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| Premio para el que adivine en qué se inspiró Moneo al diseñar esta catedral. |
He de reconocer que me apasionan las catedrales. A pesar de las penurias de su construcción, tales edificaciones son practicamente el único legado de valor del cristianismo. Y aunque esta catedral de Moneo no me ha atraido, me he quedado con las ganas de visitarla por dentro y ver qué secretos arquitectónicos esconde.
Con la Sagrada Familia de Barcelona como única catedral en construcción, los arquitectos ponen ahora su talento en otras construcciones como salas de conciertos. Es el caso de la Walt Disney Concert Hall.
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| ¿Os recuerda a algo en España? |
Supongo que os habrá venido a la cabeza el museo Guggenheim de Bilbao. Efectivamente, se aprecia la mano de Frank Ghery cada vez que vemos una fachada de placas curvadas de titanio.
Antes de rencontrarnos con Logan teníamos un último punto de interés que visitar. Se trata del edificio Bradbury, a un par de manzanas (o cuadras, que ahora nos gusta más esta palabra) de la sede del Los Angeles Times. Un auténtico icono de Los Angeles, por ser su edificio comercial más antiguo y por ser el escenario de la escena final de Blade Runner en la que Deckard pelea a muerte con el replicante Batty.
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| Bradbury Building en Broadway Street. |
Sólo hemos visto el exterior del edificio porque desconocíamos que por dentro es espectacular, algo que hemos descubierto en el momento de escribir estas líneas buscando más informacion del edificio en internet. Y viendo las fotos del interior me he acordado irremediablemente de Blade Runner. Ahora tengo la impresión que me he dejado por ver algo importante, teniendo en cuenta que esta película es una de mis preferidas y que su estética es uno de los argumentos para encumbrarla.
A estas alturas de la excursión, sólo teníamos ojos para intentar localizar una tienda donde comprar agua. Resulta muy curioso que hayamos repuesto líquidos (sin sabor ni burbujas) en una tienda de gorras, cuyo dependiente ha tenido la amabilidad de ofrecernos agua de una de esas típicas bombonas con vasos de plástico que se ven en lugares de trabajo.
Logan estaba donde lo habíamos dejado y sin multas. ¡Cómo lo hemos echado de menos durante estas horas de caminata! Más de una hora de camino para llegar a casa en Venice y más de media hora para encontrar aparcamiento, con diferencia el día que más nos ha costado. Hemos salido disparados sobre las bicis por el paseo de la playa para reunirnos con Joti en el muelle de Santa Mónica. Ya lo habíamos visitado pero teníamos dos asuntos pendientes. Primero, que el dueño del kiosko de la Ruta 66 en dicho muelle nos firmara nuestra guía, cosa que ha hecho después de taladrarnos un poco más el oído y presentarnos a un amigo suyo policia.
Y el segundo asunto pendiente era tomar esa foto final en la que apareciéramos los tres junto a la última señal de Ruta 66.
Un viaje que está llegando a su final y del cual nos despediremos en nuestra siguiente y última entrada de este blog.
Luismi.