jueves, 21 de julio de 2011 | By: Susana

Día 0. De camino a Madrid.

Si fuera un escritor buscando la frase perfecta para enganchar al lector desde el principio de la obra, probablemente escogería la siguiente: “El viaje de nuestros amigos los ruteros acaba de empezar y ya se les ha ido un poco de las manos”.

Como ahora explicaré, esto es tan solo una exageración. Pero no adelantemos acontecimientos. Todo iba según lo planeado. Joti nos ha recogido en casa para dirigirnos en coche a Madrid. La idea era llegar a Madrid, instalarnos en el hotel, cenar y salir de tranqui un rato. ¿Adivináis qué parte se ha salido del plan? Sí, Lenny, esa es.

Como todo viaje largo que implica estancia temporal en Madrid, numerosos factores han alargado los plazos. Para empezar, e intentando evitar lo que ya nos ha ocurrido en otros viajes (léase “olvido de DNI y conocimiento de ello en el aeropuerto de Alicante” y similares), hemos comprobado que llevábamos encima todo lo imprescindible entre 5 y 7 veces antes de arrancar el coche. Después hemos parado 2 veces: gasolina y merienda. En una de esas paradas, Joti ha estado a punto de liarla. Queríamos nuestra primera foto del viaje los tres y ha estado a punto de pedírselo ¡a un manco!. Menos mal que ha estado rápido de reflejos y se ha dado cuenta enseguida que con solo el brazo izquierdo habría sido un poco jodido hacer fotos.

Para encontrar el hotel de Madrid también hemos desperdiciado algo de tiempo, Madrid sigue siendo incompatible con los GPS incluso para sus propios taxistas, como hemos podido comprobar esta misma noche en uno de ellos. El muy ruín se confundió de camino y luego no quiso ni perdonarnos 20 céntimos. ¡PÉSETORRRR!

Efectivamente la salida de “un ratito” ha durado más de lo previsto. Mañana tenemos que madrugar y acostarnos a las 2 de la mañana era algo razonable, no más tarde. Sin embargo, varios factores han alargado la salida hasta las 5 de la mañana.

Me centraré en el único extraordinario. Digamos que hemos tenido una compañera de salida que tiene más ganas de fiesta que nosotros 3 juntos. Ni más ni menos que la carismática Teté Delgado, pura energía en forma de simpatía y ganas de bailar, nos ha llevado a un par de garitos y el tiempo ha volado. Durante esas horas, hemos disfrutado de un gran concierto en La Boca del Lobo (parecía que ya estábamos en Chicago, con música en directo de calidad), su conversación (Teté es un libro lleno de anécdotas) y sus cariñosos “qué hijos de puta” (resultado de mezclar ilusión por nosotros y una envidia confesada por las experiencias que nos esperan en la ruta). Creo que nunca nos habían llamado tantas veces “hijos de puta” en menos tiempo, jajajajaja. Le hicimos una promesa que ya comentaremos cuando la cumplamos. No olvidaremos el detalle de pedirnos en un bar la canción “Route 66”. ¡Un besazo, gallega!

Luismi.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué hijos de puta!

Anónimo dijo...

¡Qué miedo! El que está detrás vuestra con la boca abierta... ¿es también LUISMI? qué miedo qué miedo qué miedo!!! Por cierto, el comentario Anónimo anterior, es también mío...
Besicos y espero que me sigáis entreteniendo,
Mar

Susana dijo...

Hola Mar, el de atrás no lo conocemos, pero es verdad que da miedo, espero no encontrarlo en un motel de por aquí...
Pero también nos ha dado miedo el calificativo primero en plan anónimo que nos has hecho.
Un abrazo, guapísima, el año que viene vosotros!!

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